¿A quién defiende el gobierno -y la oposición- en el tema de las hipotecas?

Cuando en los años 90 muchas compañías de seguros se dedicaban a especular con la lentitud de los juzgados para retrasar el pago de las indemnizaciones el legislador reformó el artículo 20 de la LCS y les impuso un recargo del 20% de interés cuando se demorasen dos años en el pago de la indemnización. Fue una norma saludable y aunque luego la jurisprudencia la ha matizado, sirvió al fin para que se dictó en aquella, para el mundo del seguro, convulsa década de los 90.

Ahora los bancos pretenden jugar al mismo juego con el tema de las cláusulas suelo, amenazan con colapsar los juzgados no pagando ninguna de las cantidades que adeudan y judicializándolo todo y el gobierno (¡ay el gobierno!) en lugar de imponerles un recargo por no cumplir con sus obligaciones voluntariamente, lo que pretende es beneficiarlos este viernes con un decreto que, mareando más la perdiz, introduzca un nuevo trámite para los consumidores que, como siempre, se camuflará con palabras que escondan la verdadera naturaleza del amaño.

Estos bancos -que son quienes han usado la administración de justicia como su oficina de ejecuciones- son los principales usuarios del sistema judicial que pagamos entre todos para que ellos lo usen más que nadie. Ellos hacen trabajar a los jueces para que ejecuten sus préstamos e hipotecas, ellos son los que inmisericordemente reclaman las costas judiciales a ciudadanos a los que dejan sin casa con demandas de copy-paste, son ellos también quienes a coste cero reciben el auxilio de policías y guardias civiles que pagamos todos para arrojar a la calle a familias que no pueden pagar, ellos son, en fin, quienes gozan de procedimientos especiales para reclamar sus créditos, procedimientos de los que no gozan otros ciudadanos cuando de reclamar contra ellos se trata.
Pues bien, a estos bancos, por su contumacia, por su mala fe, el gobierno no prevé sancionarlos sino tratarlos mejor.

No es sorprendente; el gobierno, en el tema de las hipotecas, siempre ha estado del lado de los bancos y en contra de los ciudadanos. Ha defendido que sólo se devolviese lo abusivamente cobrado por ellos desde 2013, no ha modificado la legislación mas que a golpe de sentencia europea y no ha mostrado sensibilidad alguna a las demandas de la población. De un gobierno que sistemáticamente se ha puesto del lado de la banca ¿cabe esperar algo distinto ahora?

Pero lo que más sorprende es que los partidos de la oposición puedan siquiera soñar con apoyarle en este viaje. Un PSOE en régimen de gestora ¿va a apoyar al gobierno? ¿Ciudadanos lo hará? ¿Podemos y confluyentes lo harán? ¿Es que en las Cámaras nadie representa al pueblo frente al lobby de los bancos eficacísimamente representado?

A las entidades bancarias que abusan del sistema judicial o con la amenaza de acudir a él sólo cabe mostrarles el camino de la ley haciéndoles saber que esta es, para los rebeldes, inflexible: que si abusan del sistema judicial y no pagan voluntariamente no sólo se les impondrán las costas, sino que un gobierno que defiende la justicia aprobará normas que permitirán, una vez declarada su temeridad, repercutirles el coste medio de cada proceso judicial (pues estrían dañando la administración de justicia de todos con su uso abusivo); que ese mismo gobierno aprobará normas para que, si de forma inmediata no ponen a disposición de los consumidores de los que abusaron las cantidades que crean deberles, comenzarán a correr para ellos intereses disuasorios del 20% o los que se estimen pertinentes, y, sobre todo, les transmitirá el mensaje firme y decidido de que no van a obtener beneficio económico alguno de su deliberado incumplimiento de la ley y la jurisprudencia que la interpreta.

Eso es lo que haría un gobierno que defendiese la justicia y no a los bancos. Pero hoy ya hemos visto por dónde van los tiros, ha comenzado la ceremonia de la confusión y la ha abierto el ministro que mejor ilustra la naturaleza de las medidas que piensan adoptar. No el ministro de Justicia (para el gobierno este no es un asunto de justicia a lo que se ve) sino Luís de Guindos, el hombre de Lehmann Brothers… sí, el de las hipotecas.

El resto de los grupos pueden dejarles cometer la tropelía o no. Si les dejan tengan la seguridad de que lo pagarán muy caro en las cada vez más próximas elecciones. 

Guindos, Catalá & The Dejudicializers

Son lo último, la caña de España, lo más trendy y molón que hay en el mercado, los apóstoles de la nueva religión de la paz y el amor financiero: la desjudicialización, uséase.

Ellos han descubierto que eso de acudir a los tribunales a pedir justicia es una antigualla propia de palurdos pasados de moda. Lo guay es buscar soluciones extraprocesales que el gobierno amantísimo preparará “ad hoc” para cada caso. La administración de justicia (esa vieja estantigua) quedará arrumbada sólo para casos sin glamour financiero alguno.

Por ejemplo: si usted, pedazo de sinvergüenza, no paga la hipoteca porque no tiene dinero no nos venga con tonterías, lo suyo es un caso de tiñalpas y piojosos; usted, en caso tan evidente y odioso, sí irá al juzgado a que le quiten su casa, a que le arrojen de ella y a que además no le cancelen la deuda sino que quede usted endeudado de por vida. La ley ha de ser inflexible con sujetos de su ralea. ¿No lo entiende?

Claro que si es el banco el que ha abusado de usted, le ha cobrado lo que no debe, incluso ha manipulado el euribor, entonces… hombre de dios ¿no se da usted cuenta de que acudir al juzgado a pedir justicia es algo malísimo y muy poco moderno? ¿No entiende usted que es mejor acudir al chiringuito administrativobancariogubernamental que le hemos preparado aquí los bancos amigos y nosotros? Sea usted moderno, viaje con nosotros…

Yo, que me dedico a este trabajo antiguo -y a lo que se ve pasado de moda- de pedir justicia, cuando he oído hablar de “desjudicialización”, he observado que quien habla de ella suele ser siempre aquel genares que teme a la justicia, que sabe que la tiene hecha, que no le cabe duda de que un juez justo le va a dar la del pulpo en su sentencia y que aún conserva la cara dura precisa para aconsejarnos que no acudamos a él.

Otra cosa que me llama la atención es que solo he oído hablar de “desjudicialización” a los políticos respecto de los asuntos que a ellos les son propios sin que pidan idéntico trato para quienes no son de su clase. Hay que desjudicializar los asuntos políticos -dicen los acusados de corrupción- mientras que la sociedad asiste atónita al espectáculo.

Se me ocurre, ingenuamente, que no sólo los políticos podrían beneficiarse de tan moderna doctrina desjudicializadora pues tengo para mí que estafadores, ladrones, falsificadores y trileros se contarían, sin duda, entre los principales partidarios de la “desjudicialización” y quienes recibirían con mayor alborozo que fuesen ellos los destinatarios de tan moderna innovación; pero no, a lo que parece las cosas “moelnas” como la desjudicialización no están hechas para tiñalpas, hay que tener clase para ello, y si la clase es político/financiera mejor que mejor.

Ahora que, con el asunto de las cláusulas suelo, el ministro de economía quiere hacerle un traje a medida a los bancos y que el ministro de justicia nos pide que no pidamos justicia (la cosa tiene bemoles) quizá sea bueno recordar que quienes ahora no quieren ir al juzgado son los mismos que antes nos llevaron implacablemente a él; que quienes ahora hablan de desjudicialización antes judicializaron sin misericordia a millones de españoles; que, en fin, son esos mismos quienes ahora tratan de convencerle a usted para que no haga con ellos lo que ellos hicieron con usted.

Por eso, cuando Guindos, Catalá o cualquiera de los del grupo de “The Dejudicializers” le cante a usted las bondades de no ir a los tribunales, tiéntese usted la ropa bien no sea que vayan a engañarle por partida doble: antes para abusar de usted y sacarle el dinero con las cláusulas de su hipoteca y ahora para no devolvérselas por completo. Avisados quedan.

“En facha”


Hay palabras y expresiones que forman parte de mi entorno pero que, fuera de él, no me atrevo usar. Me pasa eso con la expresión “en facha” pues temo, con fundamento, que no sea bien entendida por quienes no conozcan un poquito el argot de los marineros.

“Ponerse en facha”, “estar en facha” o “fachear” es detener el barco y mantenerlo quieto, cosa nada fácil cuando se navega a vela pues las velas han de disponerse de forma que unas contrarresten la acción de las otras y el resultado final sea la quietud de la nave. En barcos de varios mástiles la tarea es compleja y no exenta de arte.

En Cartagena la expresión “ponte en facha” no suele augurar nada bueno a los niños: yo la oía idefectiblemente cuando el médico o practicante iban a administrarme una inyección y mi padre o mi madre me exigían quietud y que me dejase arponear.

Hoy se me ha escapado la expresión (“en facha”) y me he alarmado un tanto por si mi interlocutor tomaba mi expresión por la errónea vertiente política… pero me he tranquilizado inmediatamente cuando me ha respondido: “a proa de la amura de babor…” que es justo la leyenda que exhibe este conocido grabado.

Ya me quedo más tranquilo.

Yo no me fiaría de ellos

Va a comenzar 2017 y muchos españoles andan calculando lo que el banco habrá de devolverles a causa de aquel abuso industrializado que se dio en llamar “cláusulas suelo”.

Es tiempo de que se diga: si aquel abuso tiene hoy remedio no fue gracias al gobierno (que defendió la no devolución completa), ni al Banco de España (que miró para otro lado), ni a las Cortes de la Nación (que prefirieron legislar sobre otras cosas), ni al Tribunal Supremo de España (que prefirió causar daño a los ciudadanos para no causarlo a la banca)…

Si este abuso tiene remedio es porque hubo ciudadanos que, a pesar de la jurisprudencia de nuestro Tribunal Supremo, reclamaron. Y porque hubo abogados que confiaron en que el sistema debería funcionar y tramitaron esas demandas. Y porque hubo jueces de a pié (la sagrada infantería) que llevaron la injusticia al Tribunal de Justicia de la Unión Europea y allí, lejos de nuestras fronteras, se decidió algo que en España parecía imposible decidir: que nadie puede aprovecharse de los abusos que comete.

En este asunto quien ha vencido es la tropa, la infantería y quien ha perdido es el gobierno, el Tribunal Supremo, el Banco de España y la patronal bancaria. Sin embargo, no parece que ninguno de quienes estuvieron con la banca y contra los intereses de la ciudadanía vaya a dimitir. Ni siquiera se han sonrojado y, por supuesto, nadie ha pedido disculpas. Por eso, cuando ahora les oigo decir que van a intervenir para solucionar el asunto, sujeto fuertemente mi cartera. Quienes no impidieron que esto pasase, quienes toleraron que pasara, quienes no lo remediaron cuando ocurrió ¿van a encargarse ahora de solucionarlo?… ¡Quiá!. Yo que usted no me fiaría de ellos.

Pues bien; 2017 va a ser un año más feliz que 2016 aunque sólo sea por este episodio doméstico de las hipotecas. Y no va a ser más feliz por el gobierno, ni por los ministros ni por el Tribunal Supremo. Va a ser más feliz porque la gente común, una vez más, ha sabido arreglar sus problemas en contra de las inicuas maneras de los que mandan.

Va a empezar un nuevo año, esperemos que el viento nos sople de espaldas y que, como en el episodio de las cláusulas suelo, los comunes sigamos siendo capaces de solucionar los problemas a pesar de quienes nos gobiernan. Feliz 2017.

Katiusha

Hoy me he enterado de que en el accidente aéreo ocurrido ayer en aguas del Mar Negro, junto con otros noventa pasajeros, perdió la vida Vladislav Golikov, un cantante de los coros del Ejército Rojo que alcanzó notoriedad en España por su peculiar estilo de cantar la jota. Descanse en paz.

Si el afecto se mide por las obras, a la luz de estas, podríamos concluir que vivimos en un país querido y admirado para las gentes del exterior a pesar de nuestros clamorosísimos defectos. Este afecto es evidente en el caso de los rusos, y no tan solo por el desgraciadamente fallecido cantante, sino por la ingente producción musical rusa que ha tenido como fuente de inspiración las formas musicales españolas.

Ya Mikhail Glinka (1804-1857) nos dejó una jota absolutamente redonda que los más impacientes pueden escuchar aquí  a partir de los 2’50”. Y este es sólo el principio de una ubérrima producción rusa en este campo.

Compositores como Rimski Korsakov, Tchaikovski o Dimitri Shostakovich compusieron magníficas obras de sabor español de forma que la obra de “música española” más conocida en el mundo no es de Albéniz o Falla sino que está compuesta por un ruso y quizá sea el “Capricho Español” de Rimski Korsakov.

El fenómeno contrario (compositores españoles que dediquen su atención a la música rusa) no lo conozco. Quizá se deba a mi falta de erudición en materias musicales, pero, si preguntan a la población española a este respecto no creo que nadie vaya más allá de Georgie Dann y su “Kasatschok”, composición que, sobre no ser original sino copia, no parece que reciba ningún tipo de aporte beneficioso de la mano del cantor veraniego que, antes al contrario, destroza una deliciosa canción rusa -Katiusha- (inspirada en una obra de Igor Stravinski o compuesta por él mismo) que habla de una mujer que añora a su novio incorporado a filas.

¿Por qué nuestro país atrae la atención de los compositores del resto del mundo mientras que aquí del exterior tan sólo parece interesarnos la música más comercial?

Bien podría ser que seamos estupendos y no lo sepamos. Tenemos armonías propias (la escala frigia o hispano-árabe surte efectos mágicos) y los compases, ritmos y formas propios de la música española hacen de ella una fértil fuente de inspiración; además -¿a qué negarlo?- es que es bonita, pegadiza, engancha y si no vean ustedes alguna retransmisión de patinaje artístico y verán qué efecto causa la música española en el auditorio.

Pero… ¿de verdad somos tan estupendos? ¿O quizá influirá también que aquí hayamos podido tener una nómina de peores músicos? No lo creo.

España, en todo caso, mantiene una deuda de cariño con Rusia y con los muchos compositores de otros países que le han dedicado amorosas composiciones pero -¿por qué no decirlo?- probablemente la principal deuda de cariño que mantiene España es con ella misma.

Vivimos en un país que no sabe quererse y prefiere lo ajeno a lo propio sin más razón que porque es ajeno. Vivimos también en un país que, puestos en el lado contrario, cuando afirma su amor por lo propio lo hace con la inteligencia de un hincha de fútbol, sin entender qué es eso que llama “lo propio”, confundiendo la etiqueta con el producto, el símbolo con la patria y aplaudiendo cualquier “made in spain” que le pongan por delante.

En fin, no sé si tenemos arreglo o si los planes de educación han echado ya a perder toda esperanza, en cualquier caso ayer falleció un ruso que, cantando jotas, nos hizo emocionarnos y pensar que quizá este lugar donde vivimos no es el peor lugar del mundo. Descansa en paz Vladislav.

La Nochebuena de 1873

La Navidad de 1873 fue quizá una de las peores navidades que pasó esta ciudad. Sitiada por fuerzas militares del gobierno centralista la ciudad había sido bombardeada durante meses y estaba llegando al extremo de sus fuerzas.

La prensa internacional, atraída por esta pelea de una sola ciudad contra el mundo (la poderosa escuadra cantonal había sido declarada pirata por el gobierno y era acosada por buques de guerra de otras naciones), ilustraba sus diarios con los sucesos -reales o imaginarios- que sucedían en Cartagena.

Esta tarde he recordado que conservo un ejemplar de la prensa francesa que ilustra el modo en que “los corresponsales” franceses describieron la navidad de 1873/74 y he bajado al trastero a buscarlo. La foto no es buena (las condiciones de luz no eran las mejores) pero creo que se aprecian bien los principales detalles: la explosión de la fragata “Tetuán”, el estallido de los arsenales del Parque de Artillería y, en el centro de la imagen, dos soldados bailando mientras otros dan palmas y un tercero toca la guitarra. Fascinante para un francés, sin duda. La leyenda que hay al pié del dibujo dice:

“ÉPISODES DU SIÉGE DE CARTHAGÉNE: Explosion du magasin des munitions.- La nuit de Noël sus le feu des assiégès.- Explosion du navire Le Tetuan appartenant aux insurgees.-“

Cuando se habla del Cantón de Cartagena suele olvidarse que el mismo supuso una enorme destrucción para la ciudad y una dramática mortandad, así que aprovecho para desear a mi ciudad que no se repita y a ustedes feliz Navidad.

Aguilandos de Cartagena

La tierra donde vivo tiene su forma peculiar de cantar la navidad, forma peculiar que se particulariza más aún según la ciudad en que se cante e incluso el núcleo poblacional de donde sean los cantantes. Los villancicos del Campo de Cartagena no son iguales en Isla Plana, Tallante o La Aljorra, por ejemplo, pero tampoco son muy distintos de los de Murcia, por poner otro ejemplo.

La primera vez que oí cantar villancicos de Cartagena se los escuché a mi padre, que solía cantarlos por Navidad, villancicos que, en realidad, eran una especie de híbrido melódico cartagenero/murciano. Mi padre, aunque nació en el Cabo Tiñoso y se crió en Cartagena hasta los 10 años, hubo de huir con la familia a Murcia a causa de los terribles bombardeos que sufrió esta ciudad en la guerra civil y allí, en Patiño, acabó mezclando las melodías, distintas pero similares, de los villancicos de cada uno de los lugares.

El origen de estos peculiares “aguilandos” de mi tierra es muy discutido; no obstante, a mí me parece que la hipótesis más acertada es la que los hace derivar de un tipo de danzas muy populares en el Renacimiento que presentan una estructura armónica virtualmente igual a la de nuestros aguilandos, así como “ostinatos” característicos también. Yo no sé si ustedes han oido villancicos de mi tierra pero, tanto si los han oído como si no, disfruten de este “Guárdame las Vacas” de Alonso Mudarra y díganme qué les parece.

Si han oído alguna vez villancicos de mi tierra espero que convengan conmigo en que el parecido es notable, si no han oído villancicos de esta zona de España aquí les dejo un ejemplo con la cuadrilla de Tallante y supongo que encontrarán rápidamente el parecido.

Por lo demás, yo que estudié en Murcia en el claustro de La Merced no puedo dejar de mencionar en este punto a los Parrandboleros y su aguinaldo cantado a medias con Curro Piñana, un flamenco de Cartagena, de la familia Piñana (para quien sepa de flamenco de esta tierra no he de añadir nada más) y que arroja como resultado una curiosa mezcla de villancico murciano aflamencado y cartagenerizado con evolución a son cubano. Qué quieren que les diga, a mí me gusta, así que lo voy a aprovechar para desearles a todos una muy feliz Navidad, que es lo que procede en estas fechas. Va por ustedes.