Viva España

Se cumplen unos 110 años desde que el escritor y poeta catalán Joan Maragall escribiera un famoso artículo titulado como este post, pero en otra lengua española, el catalán: «Visca Espanya».

Este artículo («Visca Espanya!!», obviamente, no el mío) debiera ser lectura obligatoria para todos los políticos que estos días están enredados en la batalla del referéndum desde ambos lados de la tierra de nadie.

El artículo de Joan Maragall, con sus 110 años encima, sigue de plena actualidad, tanto que no puedo continuar leyendo sin detenerme a pensar al llegar al pasaje en que el autor proclama y pregunta:

Espanyols? sí! més que vosaltres! Visca Espanya! Però, com ha de viure Espanya?

Y es que esa es la pregunta nuclear, «Viva España», sí; «Visca Catalunya!», también, pero… ¿cómo ha de vivir España? ¿cómo ha de vivir Cataluña? ¿Qué estamos queriendo decir cuando damos esos «vivas»?

En esta península cainita más gente de la que debiera grita «Viva España» como un inri con que molestar a otros, pero también otra nada despreciable cantidad de gente grita «Visca Catalunya!» con intenciones nada venturosas para una buena parte de los habitantes de la propia Cataluña.

Déjenme que les cuente una historia.

Cuando yo era niño mis primos y yo éramos hinchas de la selección de fútbol de Brasil. Recuerdo aquellas vigilias durante el mundial de México-70 esperando a que, de madrugada, TVE nos ofreciera los partidos de la selección carioca, esa que jugaba con Félix en la puerta y que, de ahí para adelante, alineaba a diez genuinos magos del balón.
Mis primos y yo soñábamos con tener una camiseta amarilla y, en cuanto saltaba Brasil al campo, se nos pasaba el sueño, jaleábamos a gritos con infantil estupor las acciones de Pelé y nos sonaba a poesía épica aquella delantera prodigiosa que rimaba como riman los versos de Os Lusíadas: Gerson, Jairzinho, Tostao, Pelé y Rivelinho.

España no se clasificó para ese mundial y durante los cuatro años siguientes los niños españoles soñamos con las camisetas amarillas de la canarinha. Sí, en lo que al fútbol respecta, en aquel lejano año 70, los niños queríamos ser brasileños.

Ahora, cuarenta años después, tras dos eurocopas y un mundial ganados por España, uno no tiene dificultad para encontrar niños con camisetas rojas en casi cualquier parte del mundo con los nombres de Iniesta, Xabi o Villa escritos en ellas. Los niños ya no son, como éramos mis primos y yo, todos brasileños.

No ha hecho falta “españolizar” a esos niños que desean lucir una camiseta roja, no ha sido preciso hablarles de las virtudes patrias para que hayan querido formar parte de la selección española; ha bastado con ofrecerles la ilusión de un equipo que toca con la precisión de un reloj suizo, que hace que el balón parezca de su exclusiva propiedad y que, llegado el caso, tiene de su lado esa fortuna que es patrimonio de los campeones.

Viva España.

El caso de las naciones y los estados no es muy distinto: los hombres se marchan de los lugares donde no encuentran la libertad que buscan, de los países que no les ofrecen a ellos y a sus hijos el futuro que desean y se enfundan la camiseta de aquellos lugares que les ofrecen la ilusión, real o ficticia, que su país les niega.

Hemos visto venir a España seres humanos de todos los lugares del planeta huyendo de la esclavitud, la guerra y el hambre; hombres que querían ser españoles porque aquí vivía la ilusión de un futuro mejor para ellos y sus hijos, la esperanza de ser atendidos en un hospital si caían enfermos y la seguridad de que sus hijos tendrían educación y que cualquier injusticia que se les hiciese podría ser remediada gracias a leyes y jueces justos. No hubo que españolizarlos, bastó con ofrecerles un lugar donde vivir una vida casi digna. Pero era sólo una ilusión: la España de 2017, hoy, nos muestra todo aquello que la prosperidad económica no dejaba ver a esos hombres que un día vinieron. Un lugar donde no pueden, y en muchos casos ni quieren, vivir los propios españoles.

Hablan de españolizar y tratan de confundir el color de la camiseta con la calidad de los jugadores: Ni por ponerse una camiseta amarilla se es Pelé ni se es Blas de Lezo por agarrarse a una bandera española.

Si queremos españolizar hagamos de este país un lugar donde los gobiernos sean honestos, donde la riqueza y la pobreza se compartan por todos con justicia, donde los hombres vivan libres e iguales y donde la felicidad de todos sea posible. Un lugar en donde todos quieran vivir y de donde nadie quiera marcharse.

Y cuando eso pase, quienes nos gobiernan, podrán levantar con orgullo la bandera, como Blas de Lezo, como Ramón y Cajal, como Cervantes, como Don Joan Prim i Prats… Aunque para entonces ya no hará falta españolizar a nadie porque, a esas alturas, ya todos querrán jugar en este equipo.

Perdonen esta larga historia de mi infancia, lo que quisiera señalarles con ella es que la primera y más principal forma de trabajar por la unidad de España (y Cataluña) es hacer que el equipo juegue bien, que quienes lo dirigen no se lucren a costa de los dirigidos, que persigan a quienes se llevan el dinero de todos y no los amparen u oculten, que den a la justicia los medios necesarios para llevar a cabo su trabajo y que dejen a los jueces juzgar con independencia… en fin ya saben ustedes lo que hace falta, lo que llevamos muchos años echando de menos. Los patriotas no se agarran a banderas ni las hacen tremolar, quienes aman a su país son honestos con él, no cobran treses por ciento ni financian sus partidos con comisiones de empresas. Quien agarra una bandera y la hace tremolar es quien no tiene más respeto por ella que el que tendría a una muleta con que hacernos embestir.

Miren, yo soy español de religión, no soy capaz de entenderme si no es como español y por tanto un trozo de mí es catalán. No creo que ningún referéndum pueda separar estas dos partes de mí y no creo que ningún referendum pueda separar medio milenio de vida en común.

Y dicho esto, ahora, quienes van a votar el 1-0 sería bueno que cambiasen en este artículo la palabra España por Cataluña y comprobasen, se preguntasen, si el club en el que quieren jugar está dirigido por quienes no se quedan con el dinero de todos para lucrarse, por quienes son patriotas en todo menos en sus ahorros y depredaciones helvéticas, por quienes garantizan la libertad y el derecho de todos, por quienes respetan la justicia y la independencia judicial… y si quienes hacen tremolar las banderas lo que pretenden es hacer embestir a dos comunidades de seres humanos como si fuesen animales, apelando a los instintos.

Viva España, Visca Catalunya!, sí, pero… ¿de verdad queremos que vivan así?

El 1-O no habrá referéndum o habrá tan solo un conato de referéndum y llegará el 2-O y ese será el primer día de los muchísimos días en que tendremos que plantearnos y acordar cómo habremos de empezar a ganarnos el futuro de forma que, cuando gritemos Viva España o Visca Catalunya, lo hagamos a favor de todos y en contra de nadie.

Vale.

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Superabogadas

El hijo de una compañera abogada me contó, no hace mucho, que uno de sus más persistentes recuerdos de infancia era el de dormirse escuchando el sonido lejano de la máquina de escribir de su madre y despertarse, al día siguiente, oyendo cómo la máquina seguía sonando.

La imagen me pareció extremadamente tierna y que describía perfectamente el tremendo esfuerzo de esas abogadas madres por sacar adelante a sus hijos y su trabajo, dando a cada tarea el tiempo necesario y quitándoselo a ellas mismas.

Esta noche en que muchas abogadas concluyen sus recursos tras acostar a sus hijos, me ha venido esa imagen a la memoria y he pensado que es verdad, que cuando los niños duermen aún sacan el coraje las superabogadas.

Va por vosotras compañeras, sois lo mejor.

Mentiras ministeriales

«Epistula non erubescit» (el papel no se sonroja) nos dijo Cicerón hace dos mil años, aludiendo a que, por más que lo que se escribe en un texto sean mentiras y falsedades deleznables, ni el papel ni el texto en él escrito mostrarán el más mínimo signo de vergüenza. Lo novedoso en este siglo XXI es que ya no es el papel el que no se sonroja, sino que, al parecer, ni siquiera los ministros lo hacen.

Ayer la cuenta tuíter del ministerio de justicia publicó el tuit que sigue a este párrafo, tuit que reproducía una frase o idea transmitida por el ministro de justicia Rafael Catalá Polo en la así llamada «vigésimo tercera intermunicipal PP». La frase contenida en el tuit era literalmente la que en él se ve: «Apostamos por una Justicia próxima, se viva donde se viva» y se quedó tan ancho.

El ministro, sin pudor ni vergüenza alguna, transmitió este mensaje apenas tres meses después de que dejase a dos tercios de la población española sin juzgados donde acudir a solventar sus reclamaciones hipotecarias, inhabilitando 381 partidos judiciales en favor de un sólo juzgado en la capital de provincia e imponiendo, por ejemplo, a los habitantes del partido judicial de Herrera del Duque, la tasa encubierta de tener que circular 400 kms cada vez que pretendan acercarse al juzgado que conoce de su cláusula suelo en Mérida, la capital de su comunidad.

Esto mismo ocurre a dos terceras partes de la población española (sí, en España dos tercios de su población no viven en capital de provincia) pero el ministro —a pesar de las fuertes protestas de todos los profesionales de la justicia, asociaciones de jueces, fiscales, letrados de la administración de justicia, funcionarios, procuradores y abogados— decidió dar el visto bueno al insensato plan provinciofrénico que le propuso un nada independiente Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). Gracias a esa insensatez el juzgado especial de Madrid está ya colapsado con 11.000 demandas, la mayoría sin proveer (11 años de retraso), cuando si se hubiesen usado los 101 juzgados de que dispone la Comunidad de Madrid habrían repartido unos 100 cada uno lo que alargaría un mes el tiempo medio esperado de respuesta. Parte de esas 11.000 demandas archivadas en los suelos del juzgado son las que ven en la fotografía que sigue y que es ya viral en la red.

Pues bien, ese es Catalá: el ministro reprobado que alejó la justicia de las dos terceras partes de la población española y ese es Catalá también, el ministro que es capaz de decir justo lo contrario de lo que hace con todo desparpajo y sin que asome a su rostro el más leve rasgo de vergüenza. La realidad no le impedirá decir nunca lo que él entienda más apropiado en cada momento, en la era de la «postverdad» el ministro es un virtuoso.

Darwin se quedaría estupefacto si contemplase a este hombre a quién todavía, hace un par de meses, algunos abogados —me da pena decirlo— aplaudían ostensiblemente en Granada.

Ninguna emoción producía más intriga a Darwin que la de la vergüenza y los cambios físicos asociados a la expresión de esta emoción. Le sorprendía que el ser humano manifestase instintivamente su vergüenza, por ejemplo, ruborizándose; veía en esta reacción panhumana una amenaza para su teoría de la evolución pues ¿qué ventaja evolutiva puede aportar al ser humano el evidenciar ante el resto de la comunidad que sabe que ha obrado mal? Nada tan humano como la vergüenza y nada tan inhumano como la ausencia absoluta de ella.

Cuentan que, cuando preguntaron al “Guerra” (el torero, no el ministro) cómo era posible que a un banderillero de su cuadrilla le hubieran nombrado Gobernador Civil de una provincia sureña, el diestro respondió con una afirmación que suscribiría el mismo Darwin si resucitase: «Degenerando».

Hemos llegado a un grado de degeneración tal en algunos sectores de nuestra clase política que Darwin hubiese quedado atónito y Cicerón hubiese tenido que pensárselo dos veces antes de repetir su cita porque «Epistula non erubescit», cierto, pero los ministros tampoco.

No se puede engañar a todos todo el mundo: ya está bien, acabemos con esta farsa.

Tienes que ir a Las Merindades

Si eres jurista y no has ido a Las Merindades ten la seguridad de que estás en pecado, porque Las Merindades son La Meca de un jurista y allá hay que ir al menos una vez en la vida. Si eres jurista de los que trabajan en el llamado territorio común —y no en el foral—entonces el pecado es mortal y no entrarás en el paraíso de los juristas; esto tienes que saberlo, porque Las Merindades fue el lugar donde empezó todo.

Las Merindades es un territorio donde los hombres se dedican a cosas importantes y, por eso, de las menudencias se encarga Dios, que es quien por estas tierras construye puentes y ermitas cuando los seres humanos andan ocupados en sus cosas. La fotografía que hay más arriba corresponde a un pueblo de Las Merindades llamado «Puentedei», nombre que no puede ser más claro y significante: el puente de Dios, porque fue efectivamente Dios quien construyó el puente y a fe mía que no le quedó nada mal. Díganme si han visto alguna vez un puente más bonito.

El caso es que, en Las Merindades, podemos contemplar los vestigios de la Castilla más joven, esa que en torno a los siglos IX y X, con toda su hambre y su pobreza a cuestas, con todo su espíritu banderizo y su santo temor de Dios, empezó a buscar su lugar en la historia del mundo y, sabiendo que los reinos injustos no duran y son víctimas de sus propios súbditos, encontró en Las Merindades a dos personajes de leyenda que hicieron de Castilla un lugar donde el derecho y la justicia fuesen ideas respetadas e incluso sagradas; estos personajes no son otros que los primeros jueces de Castilla, los míticos Laín Calvo y Nuño Rasura.

Porque has de saber, desocupado lector, que el de Las Merindades es sin duda el Partido Judicial Primado de España, la primera sede judicial de toda Castilla y probablemente de la península. Aquí Laín Calvo y Nuño Rasura dictaron sus fazañas e hicieron justicia; la toponimia de Las Merindades recuerda a estos juristas: el lugar donde se hallaba su primera sede judicial se llama aún hoy día «Bisjueces» (dos jueces) y una aldea cercana honra a uno de ellos con el significativo nombre de «Villalaín».

Todas estas poblaciones de que les hablo forman hoy día parte del partido judicial con el nombre oficial más largo de España, a saber: Villarcayo de Las Merindades de Castilla la Vieja; ahí es nada.

Poco importa que ministros de justicia niños de papá o trepas de manual se hayan sentido tentados de afrentar la memoria de España atentando contra la Sede Primada de la justicia española, la ignorancia es osada y estos de quienes les hablo no tienen más osadía que la que nace de una ignorancia supina. Has de saber que, a pesar de diez siglos de historia y de los muchos ministros tarugos que en ellos caben, Villarcayo y Las Merindades siguen aquí, y aquí sigue la sede primada y, si no vienes, ya lo sabes, jamás entrarás en el cielo de los juristas.

Además ¿en qué otro lugar podrías hacerte un selfie con las esculturas de dos jueces detrás? (Si encuentras otro te invito a una caña).

¿Huelga decís?

Oigo las reacciones a las últimas noticias de LexNet y de control fiscal a través de los datos de Minerva y oigo llamamientos a la huelga.

¿Huelga decís?

Tenemos mil razones para una huelga: el turno de oficio pagado tarde y de forma miserable, han quitado el control judicial inmediato de los accidentes de tráfico lo que suponía un 20% de la actividad de los abogados, nos han instalado una pésima y obligatoria herramienta informática con el único interés de controlarnos fiscalmente y no de ayudarnos, han aprobado leyes para favorecer a bancos frente a las previsibles acciones de los consumidores, han atascado los juzgados hipotecarios… cuarenta mil abogados no pueden pagar sus cuotas a la Mutualidad de la Abogacía y nadie ha pronunciado en serio la palabra huelga. Es más nuestro Consejo ovaciona e invita sistemáticamente al ministro a todo tipo de eventos.

¿Huelga decís?

O nos organizamos nosotros en serio o nos van a seguir dando como hasta ahora. Nunca lo hemos tenido tan fácil y nunca hemos tenido tantas razones como ahora. No es cuestión de quejarse, es cuestión de asociarse, organizarse y pelear.

Te espero.

muelascerezuela@gmail.com

No te lamentes y bate tus alas

Los sistemas sociales, la sociedad, son sistemas complejos y en buena medida caóticos. No existen ecuaciones lineales capaces de predecir cómo será el futuro de una sociedad humana; al igual que ocurre con la meteorología y otros sistemas caóticos un pequeño suceso puede amplificarse y de pronto dar lugar a cambios absolutamente inesperados de la situación global.

Una de las personas que estudiaron este tipo de sistemas fue el meteorólogo y matemático estadounidense Edward Lorenz. Lorenz construyó un modelo matemático muy simplificado, que intentaba capturar el comportamiento de la convección en la atmósfera. Lorenz estudió las soluciones de su modelo y se dio cuenta que alteraciones mínimas en los valores de las variables iniciales resultaban en soluciones ampliamente divergentes.

Consecuencia de sus estudios fue la figura que ven en la imagen, el llamado «Atractor Extraño de Lorenz», los atractores son partes del espacio de fases del sistema dinámico y el «Atractor Extraño» es… algo de lo que hablaremos otro día; lo que yo quería que viesen ustedes es este que ven en la imagen y cuya forma recuerda, vagamente, a una mariposa.

Sistemas dinámicos donde una pequeña variación puede dar lugar a grandes cambios del sistema. Seguro que en meteorología has oído hablar del llamado «efecto mariposa» y de la posibilidad de que el aleteo de una mariposa en África acabe generando un tornado en el Caribe… El concepto es aplicable a la sociedad humana, pequeñas variaciones pueden amplificarse hasta dar lugar a resultados inesperados.

A quienes mandan les gustaría que nuestras vidas estuviesen regidas por ecuaciones lineales donde el presente, el pasado y el futuro pudiesen programarse de forma determinista; afortunadamente no es así y nuestro sistema dinámico y caótico siempre deja margen al cambio inesperado.

Por eso todos cuentan en sociedad y todos son importantes, porque todos podemos ser causa y origen de un cambio de proporciones inimaginables. Sí, el aleteo de una mariposa puede provocar tornados y tus acciones cambiar el mundo. Lo que ni la mariposa ni tú podéis olvidar es que para que algo cambie habéis de batir las alas.

Que no te preocupen los gobiernos inicuos ni los ministros réprobos, que no te asusten los radicales, no temas a la sociedad, está en su naturaleza cambiar y tú, no importa cuán irrelevante te creas, puedes hacerlo: las matemáticas y la épica están de tu parte. Así pues no te lamentes y actúa, porque, recuerda, de lo único que no puedes olvidarte es de batir tus alas.

Madera de héroes

Todo ciudadano de España debería saber que, cuando sea acusado de las más horribles acciones, cuando todos le abandonen, cuando ni siquiera sus familiares más cercanos le crean, siempre habrá alguien a su lado: su abogado.

No es fácil ser abogado de un hombre cuando toda la sociedad le ha condenado de antemano, cuando la sentencia ya ha sido dictada por la opinión pública en un juicio previo —prejuicio— que parece convertir al abogado en cómplice o encubridor de los delitos por los que ya se ha condenado a su cliente en juicio mediático. No es fácil, se lo aseguro, mucho menos cuando el delito del que se acusa a esa persona condenada de antemano es uno de esos que estigmatiza al acusado sin posibilidad real de reparación posterior. Nada salvará al acusado de una precondena pública por un delito de terrorismo o contra la libertad sexual y no digamos si hay menores de por medio.

Esta precondena previo prejuicio a la que tan acostumbrados estamos en España no es fácil de conllevar por los abogados y así suelo decírselo a los que juran: sepan que en muchos momentos van a estar ustedes solos, desoladoramente solos, y que habrán de soportar incluso en su casa las miradas y las preguntas de quienes ustedes más quieren y de quienes más confían en ustedes: «hija, ¿de verdad tenías que defender a ese hombre? ¿No puedes dejarlo y que lo haga otro?…».

Pero ese es el trabajo de los abogados y quizá son esas situaciones las que dan la medida exacta de la grandeza de esta profesión, esas situaciones en que estás desoladoramente solo defendiendo a quien todos ya han condenado.

No hay entrenamiento posible para enfrentarse a ese tipo de situaciones ni en ninguna facultad se enseña cómo tener madera de héroe o cómo cumplir con tu deber cuando toda la sociedad truena en tu contra, pero has de saber que a veces, sólo algunas veces, en realidad muy pocas veces, tu verdad y la verdad de tu cliente al que todos condenaron se impone y entonces sabes de verdad por qué eres abogado.