Lo siento pero no puedo ir

Acabo de recibir la invitación que ven en la fotografía y sospecho que muchos otros decanos y consejeros del CGAE también la habrán recibido.

Acabo de responder a tan amable invitación: no puedo ir.

A día de hoy el ministro invitante no ha pagado a los abogados de oficio de la llamada «Zona Ministerio»2 ninguno de los servicios que han prestado desde abril de este año; es decir, que los abogados llevan trabajado medio año sin ver ni un euro de la miserable retribución que les tendría que pagar el ministro anfitrión. Comprenderán que no pueda ir a aplaudir ni felicitar a quien es responsable de que mis compañeros y compañeras no cobren lo que se les debe. No es ningún desaire, créanme, es que no puedo.

A día de hoy, igualmente, los abogados que trabajan en el turno de oficio en la «Zona Ministerio» no son solo de los que más tarde cobran sino que, además, son los peor pagados de España. 3 Uno pensaría que un ministro que es patriota de palabra lo habría de ser también de obra y que uno de sus más intensos deseos sería sin duda demostrar por la vía de los hechos lo que predica de palabra: que, juntos, los españoles funcionamos mejor que por separado y que de la unión de todos sólo pueden desprenderse ventajas. Pues bien, el patriotismo del ministro celebrante en este punto es tan solo verbal, pues la realidad es que los abogados que dependen del gobierno central —de su gobierno— son los peor pagados de España. Tarde y mal: comprenderán que no pueda ir.

Y estas serían, tan sólo, las dos primeras de una larguísima lista de razones que me dicen que no puedo aceptar tan amable invitación y que no debo —no puedo— ir.

El ministro de justicia Rafael Catalá Polo ha invitado a la abogacía institucional a su toma de posesión, un acto protocolario donde el guión exige que los presentes feliciten y aplaudan a su anfitrión en fasto tan señalado para él. Desplazar hasta el Palacio de Parcent en Madrid a todas esas personas un día laborable no es cosa baladí pero, sin duda, su presencia dará una pátina de lustre a un acto por otra parte absolutamente huero.

Estoy dispuesto a ir a Parcent si es para hablar de la manera de pagar de forma inmediata a los abogados de oficio; estoy dipuesto a ir a Parcent si es para negociar una subida de las miserables retribuciones que ahora se pagan a los abogados de oficio; estaría dispuesto a ir a Parcent a hablar de cualquier de los problemas que aquejan a la justicia en este momento si es que al ministro le interesase —cosa que dudo— mi opinión. Lo que no voy a ir a Parcent es a aplaudirle, ministro, al menos mientras usted no pague a compañeros que, cada uno, vale lo mismo que usted y que juntos valen muchísimo más que usted. Creo que comprenderá que en estas condiciones no vaya, entiéndalo, no es que no quiera, es que no puedo ir.

Sé que muchos otros sí irán: están en su derecho. Lo que sí que agradecería infinitamente es no tener que sufrir el oprobio de ver a la abogacía institucional, convertida en el caro atrezzo4 de un prescindible acto social, aplaudiendo a quien, mientras invita a consejeros y decanos, mantiene sin cobrar a los abogados a quienes ellos deben representar. Cada uno es libre de hacer lo que quiera: entenderé todas las posturas, pero, particularmente, yo agradecería que no me hiciesen sentir ese oprobio.

Por lo demás, ministro, cuando quiera me vuelve a invitar. Si es para tratar de temas serios esté usted seguro que acudiré; no hay nada personal en esto.


  1. «CGAE» es el acrónimo del Consejo General de la Abogacía Española, corporación profesional de derecho público que agrupa a los colegios profesionales de abogados de España. ↩︎
  2. «Zona Ministerio» es la expresión con que en el argot judicial se designa a las comunidades y ciudades autónomas que no tienen transferidas las competencias en materia de justicia y que por tanto dependen del Ministerio de Justicia en este ámbito y en el del pago del turno de oficio. La «Zona Ministerio» está compuesta por los siguientes territorios: Islas Baleares, Comunidad Autónoma de la Región de Murcia, Castilla y León, Castilla-La Mancha, Extremadura, Ceuta y Melilla. ↩︎
  3. Para tener una idea muy aproximada de cuánto cobran los abogados de oficio de España según el territorio en que trabajan puedes consultar esta página: «Así va el turno». ↩︎
  4. «Atrezzo», del latín attrectare: manipular, manejar, torcer y retorcer… ↩︎

Técnicas artísticas olvidadas

Los años 30 del siglo XX vieron nacer unas técnicas de exposición y revelado fotográfico tan sofisticadas que incluso determinaron un canon de belleza fotográfica, particularmente en lo que se refiere a la fotografía en blanco y negro.

Ansel Adams, uno de los padres de esta técnica, es sin duda una de las personalidades más reputadas en la historia de la fotografía y el arte de los Estados Unidos y junto con otros grandes fotógrafos del momento crearon el llamado “Grupo f64”, un nombre que es toda una declaración de principios, pues hace referencia a la mínima abertura posible de diafragma de un objetivo fotográfico, lo que otorga el grado máximo de definición y nitidez a las fotografías. Partidarios de la fotografía directa, es decir, no manipulada, sus fotografías más importantes se caracterizan por su gran profundidad de campo, su realismo, la composición, y el control de las zonas.

El “sistema de zonas” cautivó mi atención en la década de los ’90 del siglo pasado y, por algunos años, hizo de mí un furibundo aficionado a la fotografía en blanco y negro pues este tipo de fotografía, más que la fitografía en color, permite trabajar hasta el límite los recursos que ofrece el sistema de zonas.

De aquella época conservo la fascinación por la obra de fotógrafos como Ansel Adams o Edward Weston, artista éste último de quien no les hablaré, sólo mencionaré que, cuando voy al mercado y veo los pimientos en los puestos, me acuerdo de Edward Weston y de su genio fotográfico. Si buscan en google sabrán por qué, de momento es evidente que Weston sabía lo que hacía y yo no, véase la foto que encabeza este post.

Militantes de atrezzo

La fotografía que encabeza este post corresponde a la campaña electoral norteamericana pero podría corresponder, salvando las distancias, a uno de los muchos actos electorales llevados a cabo este año por cualquier partido político español, porque ninguno ha renunciado a utilizar la peculiar escenografía que se ve en esta foto.
El líder, siempre humano y carismático, es presentado frente a un cuidado escenario compuesto de militantes adictos a su causa. Estos suelen ser seleccionados dependiendo del mensaje que el líder quiera transmitir: personas maduras de bien llevados años si es que va a hablar de las pensiones; jóvenes domesticados y vestidos según las peculiares normas de estilo del partido si es que va a hablar de paro juvenil; honestos y limpios padres de familia de clase media si es que se va a denunciar la poca vergüenza y corrupción ajenas -la propia no existe ni de referencia- o guapas y saludables jóvenes si de hablar de los problemas de la mujer se trata.

Estos militantes que forman el escenario frente al cual se colocará el líder no han de hacer nada distinto de quienes se sientan en platea: al llamado de una inflexión vocal del líder aplaudirán con frenesí, sostendrán carteles con eslóganes cuidadosamente seleccionados mientras no aplauden y mantendrán un silencio y orden propios de alumnos de un colegio de los años 50 mientras el líder perora mecánicamente a la espera de la conexión con los informativos nacionales de TV, momento en el que lanzará su mensaje estrella con aparato y estrépito de líder carismático, cercano a la militancia y sostenido por el fervor popular.

Pantomima, comedia, teatro, hipocresía, postureo, farsa o mojiganga, llámenle como prefieran.

Esos militantes frente a los que se fotografía el amado líder han sido reducidos a la categoría de cosa, de trampantojo, de mero elemento escenográfico: son solamente un forillo teatral, una escenografía que se mueve pero cuya importancia real en el partido no pasa de la que tendría un cartel o un roll-up con un logotipo dibujado en él.

Lo que se ve en la escena nada tiene que ver con el funcionamiento del partido, las acciones relevantes ocurren fuera de ella, ob skena en un ejercicio de obscenidad política que, para mi sorpresa, resulta muy querido para muchas personas que se dicen honestas y que se sienten particularmente cómodas viviendo en tal obscenidad (lo he podido constatar de primera mano).

Lo llamamos democracia y muy probablemente no lo es; no creo que el nuestro sea ese sistema del que se dijo hace siglo y medio en Gettysburg que era el gobierno del pueblo por el pueblo.

Uno observa como los aparatos deciden por los militantes, las nomenklaturas por las corporaciones y los gobiernos por el pueblo, sin contar con él más que como hipócrita coartada de sus decisiones.

Fotos como la que muestra este post son la ilustración perfecta de lo que importan la militancia, la gente, el pueblo, a todos estos políticos obscenos; a saber: apenas algo más que una miserable nada, no mucho más que un barato elemento de atrezzo perfectamente prescindible; aunque luego sean esos ingénuos militantes cosificados quienes con sus votos, su entusiasmo y su dinero, elevan a estos sátrapas hasta el pesebre de lo público y pagan la cuenta de sus obscenas cenas en el Ritz. O donde sea.

La Justicia es para las personas

Si usted tuviese que organizar el sistema de extinción de incendios forestales de un país cualquiera, estoy seguro que, antes de gastar el dinero de los contribuyentes y distribuir los parques de bomberos, aeródromos e hidroaviones, tendría usted en cuenta si en dicho país hay árboles o plantas, dónde se localizan y dónde hay mayor riesgo de incendio. Estoy seguro que usted no dedicaría muchos medios a prevenir incendios forestales en la Antártida mientras que pondría buen cuidado en que hubiese abundantes medios en Galicia, por ejemplo. Es de sentido común: los incendios forestales se producen donde hay árboles y plantas y esto es algo tan evidente que hasta la mente más simple lo entendería. Esto, que es evidente en cualquier lugar del mundo en España no lo es, pues padece desde hace siglo y medio una extraña enfermedad político-mental, una grave forma de locura llamada “a de locura llamada “a de locura llamada “provinciofrenia”, que anula el sentido común y la capacidad de pensar racionalmente.

 Esta enfermedad, endémica de nuestra clase dirigente, la lleva, por ejemplo, a gastar 1.900 millones de euros en sueldos en las diputaciones provinciales (el presupuesto del Ministerio de Justicia ronda solo los 1.500 millones) o a construir aeropuertos justo allá donde no son necesarios. Así, por ejemplo, se construyen aeropuertos en Castellón o Ciudad Real no porque haya demanda de vuelos, sino porque son provincias; si no sirven de nada y hay que cerrarlos parece importar poco. 

La provinciofrenia es una enfermedad cuyo virus se inocula a los españoles en la escuela a base de mapas con rayas y colorines y para la cual no se conoce hasta ahora otro tratamiento que el estudio y la reflexión; pero (¡ay!) ciento ochenta años de provinciofrenia no se curan fácilmente y nuestro país está tan gravemente infectado por ella que en este momento es difícil encontrar ninguna institución pública que no esté afectada por la misma.

La provinciofrenia, por ejemplo, hace que en nuestro sistema electoral el voto de un ciudadano de Segovia valga tres veces y media más que el de un ciudadano de Madrid (ver mapa); o que el voto de un ciudadano de Zamora valga exactamente el doble que el de un ciudadano de Vigo. La provinciofrenia hace en España imposible que se cumpla el esencial principio democrático “una persona un voto” porque la democracia o la igualdad importan poco cuando el legislador sufre un ataque de provinciofrenia. 

Ahora le ha tocado el turno de padecer esa enfermedad a nuestra administración de justicia pues, desde el ministerio del ramo, se ha propuesto una nueva ley de planta que no puedo calificar sino de provinciofrénica. Todos los juzgados se concentrarán en las llamadas “capitales de provincia” y esto con independencia de la población o número de litigios que hayan de atender. Los 19 millones de habitantes de las “capitales” tendrán los juzgados, los 28 millones de españoles restantes asumirán el gasto y sufrirán las consecuencias. 

Cualquiera puede entender que, al igual que los sistemas de extinción de incendios forestales son para los árboles y plantas, la administración de justicia debería diseñarse para atender a las personas y sus conflictos jurídicos. Cualquiera puede entender, igualmente, que si el diseño de los sistemas de extinción de incendios forestales deben atender sobre todo al número de árboles y al riesgo de incendio, la administración de justicia debería atender sobre todo a las personas y al número de conflictos jurídicos que deba solucionar. 

Eso, que lo entendería cualquiera, no parecen entenderlo los “expertos” de nuestro Ministerio de Justicia. 

Si la administración de justicia ha de atender a personas y conflictos no se entiende que se creen tribunales de instancia en Soria (95.223 habitantes en toda la “provincia”) y no en Vigo (341.351 habitantes tan sólo en su partido judicial). No es que Soria no necesite juzgados de Primera Instancia -que los necesita y mucho- es que Vigo los necesita tres veces y media más. 

Alguno de esos provinciofrénicos “expertos” del ministerio deberá explicar en algún momento a los habitantes de Vigo, por ejemplo, por qué razón no tienen derecho a tener Juzgados de Instancia o por qué su voto vale tres veces menos que el de un ciudadano de Soria. Algún delito muy grave han debido cometer los vigueses para ser ciudadanos tan de segunda, para que valga tan poco su voto, para que no merezcan tener cerca juzgados y además hayan de mantener con sus impuestos la Diputación (provincial, por supuesto). 

Y si digo esto de Vigo lo mismo puedo decir de mi ciudad (Cartagena) cuya Sección de la Audiencia Provincial cuida de más ciudadanos y resuelve más asuntos civiles que toda la Comunidad Autónoma de La Rioja o las provincias de Soria, Teruel y otras varias. Alguien (los “expertos”) deberá a explicar a los ciudadanos de Cartagena por qué los habitantes de La Rioja tienen derecho a tener juzgados de primera instancia y los de Cartagena no, o por qué el voto de un cartagenero vale menos que el de un segoviano, un soriano o un turolense. 

¿Qué pecado han cometido los habitantes de Vigo, Cartagena, Jerez, Gijón, Reus, Elche, Sabadell, Talavera o Manresa, entre otros muchas poblaciones? 

No hay pecado, sólo hay locura: Esa locura que hace gastar 1.900 millones de euros en sueldos en las diputaciones provinciales cuando el presupuesto de Justicia está en 1.500 millones, esa locura que -a la hora de votar- hace que el voto de unos españoles valga tres veces menos que el de otros, esa locura que hace que se construyan aeropuertos y juzgados donde menos falta hacen, esa locura, en fin, que algunos tratan de hacer pasar por algo “moderno” cuando hace siglo y medio ya que es una idea residual de gobernantes residuales. 

Cuando la provinciofrenia es el criterio, el resultado es la injusticia. Es el momento de los políticos de verdad no de los “expertos” provinciofrénicos, es el momento de los que aún son capaces de darse cuenta que la Justicia es para las personas. Vale. 

¿Es español el ministro de justicia?

En Justicia se llama “Zona Ministerio” a aquellas CCAA que no tienen transferidas las competencias en justicia, son lo que queda en Justicia de la Administración Central. ¿Y saben que pasa? Que los abogados del turno de oficio de esa “Zona Ministerio” cobran menos (casi la mitad menos) que los de algunas Comunidades Autónomas transferidas y cobran tarde, mucho más tarde que ellas; por ejemplo: mientras en Cataluña los abogados de oficio ya han cobrado los servicios realizados en Agosto de 2016 en la “Zona Ministerio” aún no se han cobrado servicios realizados el mes de Abril.

Hoy es el día de la Fiesta Nacional de España, el día para celebrar que juntos somos mejores y tenemos un futuro más esperanzador. Sin embargo, cuando uno contempla la situación del turno de oficio, no le queda otra salida que preguntarse: ¿el ministro de justicia trata de demostrar que juntos estamos mejor y tenemos un mejor futuro? ¿pelea el ministro por la unidad o por la desintegración de España? Comprueben la situación y juzguen ustedes mismos.

No, no se ponga banderas ministro: usted no es español, usted juega en el equipo contrario.

Ha pasado sólo un año

Recuerdo la noche anterior a esta foto… yo andaba escaso de tiempo y de numerario y hube de agarrar un autobús en Cartagena cerca de la medianoche para llegar a Sevilla la mañana del 8 de octubre de 2015. Viajaba en el autobús vestido como se ve en la foto -ningún equipaje- y la noche pasada durmiendo poco y mal me dejó la cara que ahí ven. Me esperaban en Sevilla Jaime y Enrique y ese día íbamos a jugarnos en el Hospital de las Cinco Llagas unas cuantas ilusiones: ese día el Parlamento de Andalucía discutía una PNL (Proposición No de Ley) que redactada por Jaime y Enrique se presentaba formalmente como iniciativa de “La Brigada Tuitera”(#T).

Recuerdo vívidamente el día. Recuerdo discursos vibrantes -estuviste genial Juan- recuerdo gestos amables hacia nosotros -amabilísimas Marta y María Jesús- y la comprensión de los principales grupos de la cámara, incluso del PP que, en privado, nos confesaban que muy a gusto votarían sí a nuestra moción.

Y ganamos… y los grupos parlamentarios del Parlamento Andaluz felicitaron a los húsares de la Brigada, abogados, procuradores, jueces, funcionarios, gente común…

Y luego las mismas PNL’s se presentaron en 9 parlamentos más y se fueron ganando sucesivamente, con el mismo reconocimiento de los grupos políticos a la labor de la Brigada… y un buen día resulta que las Proposiciones No de Ley se vuelven proposiciones de Ley y se votan en la Carrera de San Jerónimo, y ves que aquí también los grupos parlamentarios agradecen el trabajo de los húsares de la Brigada… y ves que la votación se gana por el 100% de los votos incluidos los del Partido Popular… y sabes que en los libros de sesiones del Congreso ya ha quedado para la historia el agradecimiento de los grupos hacia unos desconocidos llamados “La Brigada Tuitera”…

Y mientras tanto y en ese mismo año se recogieron hasta 200 mil firmas contra LexNet, se preparó una jornada en la Real Academia de Jurisprudencia a la que incluso asistieron técnicos del Ministerio de Justicia y personal del CGAE y de IT-CGAE (discretamente eso sí); y durante la segunda campaña electoral se organizaron debates sobre Justicia en Sevilla y Zaragoza con todas las fuerzas políticas y eso sin olvidar que el 20N siempre se celebra nuestra noche mágica en Madrid… Y todo esto con un presupuesto de 0€.

Miro la fotografía y me parece que han transcurrido años pero la verdad es que solo han pasado doce meses, la actividad alarga los años y llena la vida de vida y aún me sorprende porque los húsares más viejos de la Brigada entienden que no hemos hecho lo bastante, que podemos hacer mucho más. Y yo pienso igual que ellos y me vengo arriba y me siento orgulloso de ser húsar en la Brigada, porque hace que parezca sencillo ganar votaciones en 10 parlamentos de España, o arrastrar 200 mil voluntades, o discutir con un gobierno de igual a igual sobre informática y porque, entre una cosa y otra, hasta le sobra tiempo para presionarle y hacerle pagar el turno de oficio cuando se retrasa. ¡Ay el turno!

Sí, recuerdo bien esta foto, y la noche previa a esta foto y la noche de ese día viajando de vuelta a Cartagena en otro autobús, durmiendo mal pero soñando en que es el valor de las personas el que marca la diferencia, el que hace que con 0€ de presupuesto en La Brigada todo sea posible y que, en otros lugares que mueven muchos millones de euros, sea imposible hacer nada debidamente.

Sí, el decisivo factor humano.

Resultados de «El Juego de la Profecía»

O quizá debiéramos decir mejor del “John Maynard Keynes Beauty Contest” porque el juego de la profecía, en realidad, ha sido una recreación de una idea de este famoso economista.

En su famoso libro “Teoría General del Empleo, el Interés y el Dinero” (1936), John Maynard Keynes explica por qué el comportamiento de los inversores y especuladores es tan difícil de predecir. El motivo es que esa gente no solo se enfrenta a la tarea de escoger los proyectos o acciones más prometedores sino que su éxito depende de la cantidad de otras personas que pensarán que un proyecto concreto va a tener éxito. En realidad, si quieres ganar dinero comprando acciones, mejor que comprar acciones de la compañía que te parezca más atractiva lo que debes hacer es comprar las acciones de aquella compañía que te parezca que será la más atractiva para el resto de los inversores… No sé si ves por dónde van los tiros, pero creo que sí. Lo dicho para los inversores puede aplicarse a muchas otras acciones humanas y está en la base, por ejemplo, de la estrategia política del llamado “voto útil”.

En 1993, la economista Rosemarie Nagel ideó una variante del juego que es la que, con algunas variaciones, hemos planteado en este “Juego de la Profecía”. Tiene solución racional, aunque aún ofrece la opción de investigar niveles de pensamiento. Pongamos un ejemplo con nuestro propio juego.

Si todos los jugadores votasen sus números aleatoriamente y sin pensar en las reglas del juego lo más probable es que la media de los números elegidos fuese 50, si lo piensa un poquito verá que es así. Y es aquí donde comienza la exploración de los “niveles de pensamiento”, porque para ganar usted ha de votar el número inmediatamente inferior a la media y aquí aparece el “primer nivel de pensamiento”.

Muchos jugadores en nuestro juego han considerado que los demás jugadores votarían sin pensar o aleatoriamente y que, por tanto, la media sería 50 y por ello un nutrido grupo de jugadores ha seleccionado como número de su apuesta el 49…

Lo que ocurre es que muchos pensaron como ellos y llegaron al “segundo nivel de pensamiento” y decidieron que si el 49 era la solución a que llegaría la gente pensando “racionalmente” entonces el número ganador habría de ser el 48… y así se fueron sucediendo sucesivos niveles de pensamiento hasta llegar a quienes, con absoluta y total lógica, eligieron el 0 como número ganador.

Es verdad que el 0 es la apuesta lógica pero ello sería así si todos los demás participantes votasen con lógica absoluta y eso, en la realidad, no es así.

Mis felicidades pues a mis muchos lectores que votaron entre 0 y 10 pues no sólo operaron con absoluta lógica sino que además demostraron tener una altísimo grado de respeto por el resto de los participantes y una admirable dosis de humildad personal. Les quiero como amigos, son maravillosos y muy buenas personas, inteligentes, respetuosos y modestos, el tipo de gente que me gusta tener a mi lado pero… Pero la vida no es así, el mundo que les rodea no es tam bueno como creen.

A mis lectores que votaron entre 10 y 30 felicidades también, son ustedes como los anteriores (quizá un poco menos lógicos y modestos) pero mejor adaptados a la realidad. Yo pensaba que una apuesta entre 10 y 30 sería la ganadora pero… tampoco ha sido así.

A los que votaron entre 30 y 40 felicidades, entre ambas cifras se ha movido el campeón todo el torneo, finalmente debo decirles que la media de las votaciones ha arrojado 39 y que, por tanto, el ganador es el 38, un número que, sorprendentemente, sólo ha recibido un voto. En breve nos dirigiremos a quien ha remitido el correo votando 38 para pedirle permiso y revelar su identidad si él quiere.

Para quienes votaron entre 40 y 49 decirles que el intento fue bueno pero que la gente (o al menos mis lectores) piensan mucho más de lo que aparentan y que con unos pocos “niveles de pensamiento” no bastaba para ganar el juego.

Quienes votaron 50 o más supongo que no leyeron detenidamente las bases y votaron por afecto, por concursar simplemente o sin querer invertir más esfuerzo que el de votar. Especial referencia merecen algunos votos específicos: el 69 obtuvo muchos votos lo que quiere decir que hay quien juega juegos dentro de juegos, felicidades por vuestro sentido del humor y a quienes votasteis 100… ¿qué deciros? 100 es el único número que jamás podía ganar el concurso de forma que merece la pena considerar por qué alguien podría votar 100. Trate usted de sacar cocnlusiones pero observe que es sumamente interesante la aparición de estos “votos imposibles” pues hacen que el posible «algoritmo genético» posterior tenga muy difícil su trabajo. Los votantes del 100, de todas formas, no han alterado el resultado final y nuestro ganador con 38 lo habría sido 100 más, 100 menos.

Mi idea era repetir sucesivamente el concurso entre quienes habían participado de forma que, a la luz de estos resultados, decidiesen una nueva apuesta (¿aparecerían nuevos 100? ¿votarían al 37? ¿Se impondría por fin la lógica del 0? ¿O alguien se aprovecharía de esa lógica con tácticas concertadas?) y tratar de definir una especie de “algoritmo genético” que resolviese el problema.

Probaré a hacerlo, de todas formas hoy lo que toca comunicar es que la media fue 39, que el número ganador es el 38 y que estoy orgullosísimo y agradecidísimo de tener unos followers tan sumamente interesantes como ustedes.