Sobre virus y memes memos

En un mundo de información casi infinita sólo hay un recurso escaso: la atención humana. Proliferan los canales de TV, de radio, los periódicos, los blogs y los posts en las redes; pero un ser humano sólo puede procesar un ítem cada vez y, de entre los millones que le rodean, elegirá sólo uno en cada ocasión: aquel que más atraiga su atención. El recurso escaso por antonomasia en la sociedad de la información es, pues, la atención y es por ese recurso escaso por el que se desatan costosísimas guerras mediáticas.

Los medios de comunicación gastan ingentes cantidades de dinero para atraer la atención de la gente -“audiencia” la llaman ellos- y, por eso, pagan millones de euros, por ejemplo, para obtener la exclusiva de retransmisión de los Juegos Olímpicos, porque está demostrado que este acontecimiento es especialmente apto para captar la atención de la audiencia. Podríamos calcular cuanto vale la atención de una persona si dividimos lo pagado por la exclusiva de la retransmisión de los juegos en España entre el número de espectadores que componen la audiencia o, con más precisión aún, si dividimos los ingresos obtenidos entre el número de personas que integran la audiencia.1

Hecha esta introducción -que muy bien pudiera haberme ahorrado- voy al tema que esta mañana ha ocupado durante unos minutos mi atención: las cadenas meméticas de “corta y pega” en las redes sociales, cadenas de “memes memos” que, a pesar de su aparente inanidad, resultan muy interesantes, créanme.

Estoy seguro que este mensaje lo ha leído usted alguna vez en Facebook:

Que pena que esté pasando esto!

Al final tendremos que abandonar Facebook. A demás del video porno, hay un nuevo hacker en Facebook. Sale entre los comentarios de tus contactos una frase ofensiva de tu parte, es realmente fea y aparenta que ha salido de tu perfil. Tu no ves nada, pero tus amigos si lo ven, esto puede ofender y crear malentendidos

Quiero decirles a todos mis contactos que, si les llega algo ofensivo, no he sido yo, ni ha salido de mi

Copiar y pegar (no compartir)

Este tipo de “cadenas” es tan vieja como la humanidad y, sin embargo, todavía sigue demostrándose eficaz para atraer la atención -la carísima atención- de la audiencia, por más que su contenido resulte insensato y en ocasiones risible. Veamos otro clásico de Facebook:

Mejor prevenir qué lamentar. Canal 11 noticias, está hablando acerca del cambio de política de privacidad de Facebook. Siendo el día 29 de Junio del 2016 a las 00:41 Yo NO DOY PERMISO a Facebook para usar mis imágenes, tanto del pasado como del futuro. Con ésta declaración, doy aviso a Facebook qué está estrictamente prohibido divulgar, copiar, distribuir o tomar cualquier otra acción contra mi persona en éste perfil y/o el contenido de éste perfil, ya qué es información privada y confidencial. La violación de la privacidad puede ser castigada por la ley (UUC–1–308–11 308–103). Nota: Facebook ahora es una entidad pública, una nota como ésta. Sí lo prefieres puedes copiar o pegar ésta versión. Si no, publica una declaración por lo menos una vez, de lo contrario estás tácticamente permitiendo el uso de tus fotos, así como de la información contenida en las actualizaciones del estado de tú perfil. No compartas. Tienes qué copiar y pegar. Ahora ya es oficial! Se ha divulgado en los medios de comunicación. Facebook acaba de publicar la entrada de un precio de £5.99. Para mantener la suscripción de tú estado para ser “Private” Si pegas éste mensaje en tu página, el ofrecimiento será libre (Pegar no compartir) Si no mañana, todas tus publicaciones pueden convertirse en datos públicos, incluso los mensajes o fotos qué se han eliminado. Después de todo, no cuesta nada, simplemente copia y pega.

Por qué este tipo de “meme memo” tiene éxito no es cuestión baladí. Tras amenazar al lector con una serie de males, acto seguido le ofrece una fácil forma de prevenirse contra ellos (copiar y pegar el texto) y, así, enfrenta al lector a dos opciones posibles:

La primera opción es comprobar si la amenaza es real y si la legislación invocada existe o es tan sólo un disparate.

La segunda es la más fácil: copiar y pegar el texto y conjurar así la amenaza, sea esta real o no.

El éxito del meme nos ilustra perfectamente sobre una característica tan humana como la ley del mínimo esfuerzo. Enfrentados a la disyuntiva muchos lectores optarán por cortar y pegar el meme pues, al fin y al cabo, resulta menos engorroso cortar y pegar que comprobar su -por otro lado evidente- falsedad.

No desprecien esta estrategia pues está en el fondo de memes exitosísimos. En este ejemplo es fácil descubrir la falsedad de la amenaza, pero, cuando la amenaza no es falsable y es lo suficientemente grave, puede producir memes exitosísimos de los cuales no pondré ejemplos por no herir susceptibilidades.

La eficacia replicativa de esta última cadena citada de memes memos ha sido enorme y la he visto pegada incluso en muros de personas a quienes tengo por muy inteligentes e incluso brillantes, así que bien vale la pena reflexionar sobre el fenómeno.

El “ciclo de vida” de estas cadenas suele ser muy parecido: una vez puesta en circulación una cadena, si la misma alcanza a un número crítico de lectores, su difusión se disparará hasta que, en cierto momento, la audiencia se sature, aparezcan muestras de desagrado cuando no burlas de ella y la cadena comience su marcha hacia el olvido que es la muerte de los memes.

Estas cadenas, también, ilustran la identidad existente entre el ciclo de vida de los memes y de los virus; y no es de extrañar, pues los virus no son sino cadenas de ADN (cadenas información al fin y al cabo) que, para reproducirse (replicarse), necesitan infectar previamente un organismo vivo, justamente igual que estos “memes memos”. Las estrategias que un virus o uno de estos “memes memos” utilizan para replicarse son sintéticamente equiparables y ambos evolucionarán (replicación, herencia y mutación) hasta su forma de máximo éxito replicativo.

Estos “memes memos”, al igual que los virus, nos hacen llevar a cabo conductas que favorecen su difusión tales como cortar y pegar su contenido informacional; un virus, por su parte, nos hará estornudar para facilitar su difusión y eventual replicación… Si el “meme memo” o el “virus” alcanzan a una masa crítica de “huéspedes” la epidemia de memeces o estornudos está asegurada. Afortunadamente los seres vivos disponen de armas defensivas y, tras la infección, inmediatamente comienzan a generar estrategias defensivas.

Uno de los mecanismos más eficaces de defensa contra los virus es la llamada “vacuna”; cuando hemos estado en contacto con un virus desarrollamos anticuerpos que nos protegen de él, de igual modo, el contacto con un “meme memo” poco activo nos protege eficazmente contra ellos (eso está muy visto… ese chiste es viejo… eso se parece a…) y con ello podemos pasar por la vida inmunes a memeces o estornudos.

La identidad información-virus es algo sobre lo que ya escribí hace años, de forma que les remito a aquel post si desean seguir explorando este campo; las distintas estrategias virales y meméticas no caben en este post de forma que aquí dejaré el tema porque hoy, en realidad, yo solamente quería hablar de memes memos y, sobre todo, decirles lo siguiente: 

Que, si no copian y pegan el enlace a este post en twitter y facebook, caerán sobre ustedes y sus familias todo tipo de desgracias económicas, acabarán en la ruina más espantosa y habrán de vivir hasta el fin de sus días de la caridad ajena.

Así que ya lo saben, avisados están.


  1. En 2016 han visto los juegos olímpicos unos 32 millones de personas en España, mientras que en Europa también se producían importantes audiencias. Una estimación exacta de cuántas personas vieron los juegos en Europa no es fácil de hacer rápidamente pero, considerando un porcentaje medio de audiencia del 22% nos arrojaría una cifra cercana a los 111 millones de personas. EuroSport, por su parte, ha pagado por los derechos de los juegos de 2020 y 2024 -incluídos los juegos de invierno- unos 1.300 millones de euros con lo que puede usted deducir con cierta facilidad cuánto está pagando este canal por su atención. Si,además, usted considera que Eurosport venderá la atención así adquirida a sus anunciantes, podrá usted comprobar que su atención cotiza cada vez más cara. ↩︎
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¿Se puede ser propietario de un virus?

La afirmación de que la información tiene un “comportamiento viral” es extremadamente frecuente y suele acompañarse de ejemplos que demuestran que esta se replica, propaga y se acumula mientras no haya obstáculos que se lo impidan o falte la energía. La información, pues, tiene un comportamiento viral y se contagia por replicación de/en medios materiales (genéticos, neurales, electrónicos, etc.).

Visto de éste modo y dicho de forma simple, nuestro comportamiento para con la información no es muy distinto al que tenemos respecto del virus de la gripe. Si deseamos caer enfermos del virus de la gripe nada mejor que ponernos en contacto con una persona infectada por dicho virus para que nos lo contagie; si deseamos, en cambio, que nuestros hijos se contagien del virus de la cultura, nada mejor que ponerlos en contacto con personas infectadas por dicho virus, es decir, con los maestros, y por eso, los mandamos a la escuela.

A contrario sensu, si deseamos no contagiarnos del virus de la gripe, procuraremos alejarnos de las personas enfermas o poner a estas en cuarentena, separadas de la sociedad, para que no nos contagien su mal. Del mismo modo, si deseamos que nuestros hijos no adquieran malas enseñanzas procuramos separarlos de eso que llamamos “amistades peligrosas”; amistades que pueden, en los casos más graves, ser puestas en cuarentena mediante su ingreso en un establecimiento penitenciario.

La metáfora virus-información puede extenderse hasta límites insospechados (en informática, por ejemplo, tenemos toda una panoplia de virus, cuarentenas y vacunas) e incluso en el campo de las ideas políticas se habla de “cordones sanitarios” respecto de las ideas de nuestros enemigos políticos o de “marketing viral” en el mundo de los negocios. Que la información tiene un comportamiento viral es algo que los poderes políticos saben muy bien, de ahí su afición a controlar los medios de comunicación, que no serían, desde éste punto de vista, más que unos eficaces medios de propagación de virus ideológicos.

Finalmente, y por concluir con esta necesariamente simplista reflexión sobre la identidad virus-información, podemos reflexionar sobre como las compañías discográficas pagan a los medios de comunicación (emisoras de radio, canales de televisión) para que difundan las últimas creaciones de sus cantantes o grupos musicales. Todo el dinero que gastan en promocionar estas canciones no tiene otro fin de que inocularnos el virus de la canción que pretenden promocionar, hacer que la conozcamos, que nos infecte, porque así saben que subirá nuestra fiebre, demandaremos esa canción-información y acabaremos pagando nosotros por ella. Saben también que, pasado un lapso más o menos grande y tras un período de febril efervescencia de la canción, comenzará a dejar de interesarnos y finalmente la denostaremos como “pasada de moda”, momento en el cual podemos considerar que estamos vacunados contra la misma. Estoy convencido de que éste ciclo de propagación-infección-fiebre-inmunidad musical está perfectamente estudiado por las discográficas y sería un valiosísimo elemento de estudio para una más eficaz regulación legal del sector.

Y si eso es así, como parece que lo es, la consecuencia evidente es que podríamos plantearnos la propiedad intelectual-informacional cual si estuviésemos hablando de la propiedad de virus, momento en el cual descubrimos nuevas y asombrosas similitudes.

Un virus, en términos científicos, no es más que una entidad que que se compone de dos partes: Unos genes (ADN or ARN) que no son más que unas largas moléculas que contienen información genética y una cubierta protectora proteínica que protege esa información. Algunos, además, se envuelven en una especie de sobre lipídico cuando se encuentran fuera de una célula.

Conviene decir que los genes no son seres vivos aunque están al filo de lo que entendemos por seres vivos. Un virus, al igual que la información, para replicarse necesita de una célula huésped. El ciclo vital de un virus siempre necesita de la maquinaria metabólica de la célula invadida para poder replicar su material genético, produciendo luego muchas copias del virus original.

Así dicho un virus se asemeja bastante a un mensaje en una botella lanzada al mar; no es más que una especie de cápsula de información a la deriva y sólo cuando esa botella llega a manos de una entidad capaz de ser inoculada por la información contenida en ella, esa información puede propagarse o replicarse.

Es verdad que los virus mutan a fin de obtener un mayor éxito en su propagación pero no es menos cierto que las ideas también lo hacen hasta que son formuladas de una manera que obtiene éxito en su propagación. Indudablemente Walt Disney logró hacer mutar con éxito los cuentos de los Hermanos Grimm.

Y así las cosas ¿nos dice algo el derecho a propósito de la propiedad o posesión de los virus?

La verdad es que poca cosa, los romanos no conocieron los virus y, como siempre que el derecho romano no anticipa soluciones, las legislaciones actuales suelen perderse en normas extravagantes y de poca coherencia. Lo que parece evidente es que, con arreglo a las normas naturales de adquisición de la propiedad, nadie podría afirmar seriamente que es propietario de un virus desde que el mismo es liberado. Un científico, sin duda, puede tener un virus aislado en su laboratorio y, hasta ahí, afirmar que lo posee pero, una vez liberado, su capacidad de replicación no puede ser controlada y nadie podrá afirmar ya su derecho de propiedad sobre el mismo. O como dijo Gayo en sus Instituta:

S. 67. Así los animales fieros ó salvages, las aves ó los peces…. cogidos…. por nosotros, nos pertenecen mientras permanezcan en nuestro poder. Pero si se escapan y vulven á gozar de su libertad natural, dejan de pertenecernos y pueden ser adquiridos de nuevo por el primero que los ocupe. Júzgase que han recobrado su libertad natural desde el punto en que los perdemos de vista, ó si, aunque los veamos , se han colocado de manera que sea difícil perseguirlos.

En el fondo los virus, como la información, como la vida, tienen una irrefrenable tendencia a la libertad y eso, para nuestro derecho de propiedad, resulta perturbador.

Crisis, fenómenos anticíclicos o porqué es bueno ser diferente

Esta semana, en plena crisis económica, Rodrigo Rato ha lanzado un mensaje de relativa confianza en la solidez de nuestro sistema bancario; el expresidente del Fondo Monetario Internacional ha señalado que determinadas peculiaridades de nuestro sistema bancario lo hacen menos vulnerable a la crisis que a otros sistemas bancarios de nuestro entorno. El señor Rato,  concretamente, ha afirmado que:

“España cuenta con elementos anticíclicos, como las reservas impuestas a los bancos a finales de los ’90, que son la base de la solidez del sistema financiero español”.

El que la diversidad ofrezca ventajas no es nada nuevo. Si todos los seres humanos fuésemos biológicamente idénticos y no presentásemos diferencias, hace tiempo que habríamos sucumbido como especie ante la primera pandemia. Del mismo modo, si los virus no mutasen, hace tiempo que habríamos acabado con la gripe gracias a las vacunas ya inventadas, pero los virus, aunque les cueste creerlo a los creacionistas que niegan la teoría de la evolución, tienen la manía de mutar, de cambiar, y esto los hace mucho más resistentes a los medicamentos humanos. Seguir leyendo “Crisis, fenómenos anticíclicos o porqué es bueno ser diferente”